Un toro encerrado en un bar

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Alex de la Iglesia, bilbaíno de raza y madrileño por adopción se mueve como pez en el agua en espacios pequeños. Lo hizo en La comunidad y más recientemente en Mi gran noche. Le gusta apelotonar actores. En El bar un grupo de personas se queda encerrada tras el disparo que recibe uno al salir por la puerta. A partir de ahí el miedo descubrirá cómo es cada uno.

Alex es un bestia. Alex está cómodo. Alex está fuerte. Lo que hace en El bar es soltar en un espacio pequeño un toro que no deja de agitarse y que tampoco se deja torear. Sus personajes son caricaturas, son memes y están asalvajados. La historia podría haberse convertido en una película más de quién es el asesino. Un sentido homenaje a El cluedo* pero eso a la película le da igual. El principal reto que consigue es colisionar con saña cada personaje contra el que tiene enfrente. Así, la película se reserva muchos momentos geniales en los que los personajes parecen atascarse en sus limitadas razones y todos tiran para que salga de su cerrazón o empujan para hundirle más en su mierda. Pero lo único que logran es crear un tapón que impide que sus desgracias evacuen.

Ver en la película la exageración o la desmesura como un punto flaco sería un error. Es su punto fuerte. El miedo a que la historia se volviera aburrida y se quedara sin pista de aterrizaje estaba ahí. Pero los parroquianos están en su salsa y si se agotan se reconvierten como estrellas que en su muerte explotan y aún así siguen dando luz. Mención especial al papelón de mendigo de Jaime Ordoñez como Israel. Carmen Machi siempre está bien.

Mención especial a la programación de la tele del bar. Quien pudiera tener siempre terror en sus pantallas.

En otras películas de De la Iglesia las bajadas de ritmo o la pérdida del tono era un grave problema. Fue el caso de Las brujas de Zugarramurdi. Ahí una explosión estaba seguida de una caída de ritmo. Pero en El bar si todo son explosiones no se le puede acusar de desmedido, porque es la norma común. Sería lo mismo que decir que Mad Max o Hasta el último hombre son películas sobrecargadas de espectáculo. La película roza la obsesión por la pantomima y la claustrofobia, pero la cámara de Alex de la Iglesia es precisa y gracias al montaje (que parece un refrito de planos) y al sonido punzante la película es lo que es: una bestia parda que no se calla. Vayan al cine y pídanse unos torreznos con cocacola.

Quien haya estado en un bar de la Gran Vía se sentirá acogido como un parroquiano más.

*Hay una película española (en b/n) en la que un grupo de personas se quedan encerradas en un suntuoso salón y no pueden salir por ninguna razón lógica. Si alguien la recuerda que me ayude. Gracias

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