Hasta el último hombre

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Todos los años la segunda guerra mundial nos acompaña en el cine. Su última gran éxito ha sido Hasta el último hombre (Hawksaw ridge). Ante tanta avalancha de títulos bélicos lograr algo novedoso se pone difícil. Pero lo que consigue Mel Gibson tiene mérito. Dos horas de film que se pasan volando. Pura adrenalina y puro espectáculo. Una gozada.

La segunda guerra mundial se ha convertido en un lugar mitológico perfectamente descontextualizable de los conflictos políticos que supusieron. Esos años históricos son ahora una tierra fértil en la que crecen historias de superación, de heroísmo o de patriotismo. Esos años tienen tanta mitología como Zeus o Troya. Mel Gibson se carga sobre sus hombros todas estas virtudes para contar la historia de un soldado (Andrew Garfield) que nunca portó fusil y que decidió consagrar su servicio militar como médico de guerra. Llegó a salvar decenas de cuerpos tras la espeluznante batalla en lo alto de un arrecife.

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La película es directa y clara. No hay revestimientos ni tramas que desvíen la atención de lo fundamental. No por ello los personajes están desdibujados. Cada uno está bien compuesto con una especial atención a sus compañeros soldados. Un pequeño rasgo describe a cada uno. Y aunque pueda parecer que la primera parte sea una excusa para llegar a las dos horas, Gibson y sus guionistas saben que un héroe no es nada sin sus debilidades (su padre) ni una pasión por la que luchar (su mujer). Está claro que estamos ante una película bélica pero antes es la historia de una lucha de conciencia. Por eso en el momento en que se soluciona el problema de disciplina militar viajamos directos a la guerra, importándole un comino a Gibson el entrenamiento militar. De parte de los japoneses Gibson solo se interesa cuando tienen un conflicto de conciencia: su rendición y su suicidio.

Hacía ya 10 años que Gibson no estrenaba película. Lo cierto es que le tienen bastante tachado en Hollywood. Mirad si no qué productoras se enfrascan en sus proyectos. La última fue Apocalipto y antes La Pasión de Cristo. Ambas películas comparten muchas cosas con Hasta el último hombre. Sobre todo con La Pasión. Gibson es un cristiano confeso y comprometido y siempre que puede cuenta el Evangelio. Desmond Doss es un Jesús del siglo XX: vocación de salvar y estar dispuesto a dar la vida.

Cuando se estrenó Mad Max Fury Road muchos fuimos los que nos alegramos porque era una película con una magnífica dirección y sentido del espectáculo y una magistral lección de ritmo y economía narrativa. Con ella comparte todos estos elementos. Sobre su violencia quiero dejaros un video que explica muy bien cómo emplearla de manera inteligente y creo que George Miller y Mel Gibson son unos maestros.

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