Anomalisa

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No nos engañemos. Lo potente de una historia no es tanto que sea asombrosa sino que los personajes tomen decisiones asombrosas. En tal caso es conveniente que primero nos importe la vida del personaje. Por eso es tan difícil empatizar con quienes no comparten nuestra visión de la vida o se toman a la ligera situaciones que para uno son vitales.

Anomalisa reúne las virtudes de una película para que no sea espectacular ni quiera brillar por extravagancia. Es una de esas películas en la que no hacemos más que compadecernos de los personajes pese a lo anodinos que sean. Puede incluso que no compartamos las decisiones que toman en su camino pero sus sentimientos son tan reales que nos ilusionamos con ellos. Una bella tragedia. Amarga como las películas de Alexander Payne en Entre copas o Los descendientes.

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Charlie Kaufman (codirige con Duke Johnson) se centra en la miserable vida de un famoso conferenciante experto (libro en mano) en teleoperadores y trato con clientes. Me viene a la cabeza a George Clooney en Up in the air. Su dominio teórico y práctico del cara a cara es la fachada de un hombre aburrido al que todo a su alrededor le suena igual, sin acentos ni subidas de tono. Es todo, más bien, molesto e irritante. Pero descubre a una mujer, una segunda oportunidad en su vida. Como le dice viene a decir ella en un momento “siempre es mucho tiempo”. Mejor quedarse con “ahora”. Por eso, él corre tras ella y hace lo imposible por no perderla.

Pero para quien haya visto ya la película estará de acuerdo en que es la historia de un egoísta o al menos la de un hombre que toma decisiones egoístas. La melodía de la voz de Lisa es para él un despertar. Por fin la monotonía se agota. Y nosotros nos hacemos cómplices con él. Aunque su actitud sea cercana a la de un acosador como Lisa le espete. Es la actitud de un desesperado, un hombre tirado. Kaufman nos acerca tanto al alma de Michael, a su razonamiento que nos olvidamos de la vida (personas) que tira a la basura por escuchar la voz de Lisa. Pero, claro, Kaufman no es nada tonto y guarda un final asombroso en un ejercicio de cierre con gran valor. La historia romántica, tan focalizada en sí mismo, le explota en la cara a Michael.

Sería un error dejar de verla, pues el tráiler dista mucho de la calidad del visionado final. Me parece desmesurado decir que es la mejor película del año, pero sí que es cierto que la elección de marionetas es acertadísima pues la frescura de las situaciones no hubieran funcionado igual de bien con actores.

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