Las drogas en Baltimore

The Wire es un reloj suizo. Como un buen reloj marca la hora sin retrasos y aunque pase el tiempo ni chirría ni se atasca en momentos inútiles. Su creador David Simon periodista vocacional y relator de historias por pasión nos adentra en un terreno que conoce: Baltimore y la droga.

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La primera temporada comienza a raíz de un asesinato que acaba en la creación de un cuerpo de policía que irá descubriendo el entramado que los narcotraficantes han ido forjando en el barrio. La nueva unidad empieza desde lo más bajo posible (un sótano) contando entre sus hombres a lo peor de la policía de Baltimore. Estas manzanas podridas son las únicas que al no tener nada que perder están en la situación de pelearlo todo. A decir verdad, lo que diferencia a estos tipos de los pastilleros es que no suelen apretar el gatillo. Para Simon la entereza moral y la pasión humana afecta por igual a los dos lados de la legalidad. Por eso no es una serie de buenos y malos, sino de entereza humana.

Si algo hace fuerte a esta serie y que ahuyenta a más de uno es lo radical de su planteamiento. No es por un asunto temático; el mundo violento y de la droga no se ve recreado ni enturbiado por una estética desagradable (excepto contadas ocasiones. Es HBO) que pueda repeler o alejar a más de uno. Es más un asunto formal: la espesura de la serie, su profundidad, centra toda su mandanga en el seguimiento del cado policial. David Simón va desplegando ante nosotros ese mundo particular que es el Baltimore de The wire. No se permite ni una secuencia que este al margen del caso policial y de la droga. No hay una sola línea de diálogo que desmerezca. Y sin embargo, y ahí está la magia, llegamos a conocer todos los problemas personales de los protagonistas, que son muchos.

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Problemas de pareja, de adolescencia, de compañeros de trabajo, de disciplina, de autoridad, de falta de trabajo, etc. Todo el microcosmos se pliega a ese requisito: contar cómo la droga domina la vida de Baltimore. Y es apasionante.

La serie según temporadas va señalando los males de esta ciudad: la lucha de mafias, las rencillas de la política y la policía, el sindicato portuario y la educación.

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