Trilogía western moderno

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Hace unos días puede ver Calvary, fantástica película de John Michael McDonagh director también de El irlandés. Brendan Gleeson hace de un hombre bueno, con carácter eso sí, un día marido y ahora cura rural con una hija. Durante una confesión es amenazado de muerte. Solo le quedan siete días para poner su vida en orden.

Appaloosa, Bailando con lobos, Sin Perdón, Malditos bastardos, Black coal, Paris Texas, Gran Torino o Calvary pueden tomarse por westerns modernos. Para esta trilogía voy a quedarme con estas tres últimas. En las tres sus protagonistas se enfrentan a su propia muerte o extinción. Su mundo se tambalea a sus pies por factores externos o por una revelación interior. Vayamos por partes.

Paris, Texas tiene una de las escenas climáticas más sorprendentes del cine. Es la historia de un hombre que un día aparece en casa de los tíos de su hijo tras años de abandono. Primero tendrá que enfrentarse a su silencio. Nosotros no sabemos más que ha regresado pero se nos omite su pasado. El mundo al que regresa le rechaza pero el sabe que su posición como padre no es accidental y que su deber de recuperar el cariño de su hijo es suficientemente fuerte como para sufrir todos los tormentos. Todo ello acentuado por un protagonista silencioso y retraído. El carácter de búsqueda que tienen estos westerns a veces se explicita en un viaje físico en busca de alguien. En este caso de la madre. No quiero adelantar acontecimientos pero diré que la película tiene una de los encuentros amorosos más reveladores jamás filmados.

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Wim Wender dirige a Harry Dean Stanton en Paris, Texas

 

Eastwood hizo una de esas películas con las que uno piensa en retirarse a modo de testamento cinematográfico. Esa película fue Gran Torino, una mezcla de testamento y colofón a modo de autorretrato. Un hombre gruñon, un viejo arcaico, la terraza como frontera de costumbres que tanto gustó a John Ford, el extranjero que rompe el equilibrio de una sociedad, todos estos elementos propios del western están en Gran Torino. Además introduce un elemento interesante: el humor que aparece en el choque de culturas.

John Michael McDonagh con Calvary lleva ese humor a primer plano. No es un humor que surja primeramente desde sus personajes sino del modo en que McDonagh muestra los acontecimientos. Hay istrionismo en cómo está filmada, llevando al extremo la puesta en escena y el uso del formato 16:9. El humor, en parte como se ve en el trailer, saca más de una sonrisa por el uso de los sonidos para contrastar dos planos. Los habitantes del pequeño pueblo recuerda a perros rabiosos atados con una correa que les impide pelearse para convivir sin siquiera ladrarse. Es por eso que la semana avanza y acercandose el domingo parece que poco va a cambiar en sus vidas. Los mismos males permanecen inamovibles. Y sin emargo, como ocurre en Paris Texas y Gran Torino hay un deslumbramiento que se llama perdón. Como dice su protagonista a su hija “Siempre hablamos de pecados y poco de virtudes. Perdonar está infravalorado.”

Y si perdonar supone una pérdida para ganar la vida, bienvenido sea lo perdido.

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