Exodus. No me lo creo

Voy a empezar con el testimonio de Twitter para luego acabar con un breve comentario.

Y después del testigo de Twitter creo que me quedo con Noé. Ninguna de las dos historias me emocionó y creo que es necesaria la emoción para estar ante una buena película. Hay historias aparentemente sencillas que funcionan porque emocionan y que no por ello son simples o facilonas. Todo lo contrario. Hoy en día, es incluso más difícil emocionar por la saturación de historias. Ahí está el nuevo anuncio de Loterias de Navidad que pretende contar una historia desgarradora (perder la oportunidad de ganar) con final de redención (siempre hay alguien que comparte la ilusión) pero que resulta artificial por mucho que le meta una fotografía y una música indie.

Y como ninguna de las dos películas cuenta una buena historia ambas inciden en cambiar la concepción que teníamos de Moisés y Noé. Ahora son gente oscura. Moisés, un guerrero que no cree en Dios porque es autosuficiente y Noé, un atormentado creyente que ve como su Dios le debe aniquilar porque es lo mejor para este mundo. La libertad del hombre solo trae destrucción y no merece salvación viene a decir Aronofski. Eso sí, Noé cuenta con una experiencia visual en ocasiones de alto nivel.

A Exodus le falta chicha, aunque me gustaron algunos momentos. Me parece inteligente por parte de Ridley Scott que el sacerdote de Ramsés intente explicar científicamente la existencia de las plagas con argumentos plausibles porque cierto público de la película piensa con igual escepticismo. De hecho la actitud de Moisés responde a un actuar de autosuficiencia y no logra transmitir emoción por la misión que ha recibido. Vamos, que yo por su capacidad de arrastre no dejo un techo para meterme en el desierto porque aunque sea esclavo tengo pan y agua. Quizá el último tercio, desde la última plaga en el que se asesina a todo hijo predilecto, dignifique un tanto la película ya que como consecuencia Ramsés (el antagonista) se encara a Moisés. Es curioso cómo hasta que el mal no hace acto de presencia, una historia no tiene ningún interés. Y el problema es que en Exodus el “mal” (el enemigo, el polo negativo) está en el aire casi toda la película y Ramsés que debería encarnar ese “mal” desde el comienzo de manera activa, no lo hace decentemente hasta el final. Ese “mal en el aire” es Dios, pero como está tan poco definido por los guionistas, no es más que espectáculo (que si al menos fuera una montaña rusa pues lo vivimos en nuestras propias carnes).

Ridley Scott creía en lo que estaba contando con Gladiator, o al menos eso transmitía. Pero no pienso que crea en la historia de Exodus. Y para contar esta historia no hay que ser ni creyente ni ateo, tan solo creer en los personajes.

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