La sal de la tierra

Himba Child

Es un placer poder ver la obra de un artista, en este caso la de un fotógrafo. Pero quizá mayor es el disfrute si compartimos sala con el artista en cuestión. Y ya nos derretimos de placer si el que presenta al fotógrafo es otro artista: Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado presentando la obra fotográfica de Sabastiao Salgado. La fotografía de Salgado es humanitaria, de un hombre enamorado de la vida y que por ello muestra en sus retratos el dolor de ver a una especie en guerra consigo misma a través de la miseria de las naciones más abandonadas del mundo o de los desastres naturales. El título hace referencia al hombre que es sal de esta tierra. Una mina de oro plagada por decenas de miles de personas, una tribu indígena que vive al margen, la matanza de Rwanda, los desastres del petroleo, todo lo que indicaría desastre es luz que se plasma de la fotografía de Salgado y que se convierte en un alegato por la vida. La vida es un don y es bella. Siempre que exista la compasión, allá donde haya una mirada de consuelo habrá vida y se manifiesta en su máximo esplendor.

Wim Wenders como buen pedagogo comienza relatándonos cómo fue su primer acercamiento: compró una de sus fotos y poco a poco fue descubriendo quién era este aventurero brasileño hasta compartir con él una expedición fotográfica. Da lo mismo que no estés familiarizado con el fotógrafo porque la inmersión en sus motivaciones, recursos, aspiraciones, estilo y temática están perfectamente narrados por el autor. Wenders y su equipo hace una gran labor para equilibrar el ritmo pausado que presenta las fotografías como quien ve una exposición con las propias expediciones en medio de parajes insólitos. La música y el diseño sonoro ayudan en esta azaña. Es una delicia escuchar la película.

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Los reportajes de Salgado trasmiten esa incertidumbre de hacia dónde va el mundo que solo puede lograr un explorador, al modus operandi de un misionero embarcado hacia nuevas tierras no para convertir a nadie, sino para escuchar y comprender. La obra de Salgado es una búsqueda por los cinco continentes. He de reconocer que tengo cierto recelo a los fotógrafos sociales. Son gente que se muestra como estandarte de la miseria para ser nuestros ojos. De hecho Salgado insiste que dejó su profesión de economista para ser fotógrafo porque veía que así su campo de acción y de denuncia se ampliaba. Me tira más un hombre que planta un árbol en una selva deforestada que una fotografía de esa selva muerta. Por lo que este hombre me ganó cuando por iniciativa de su mujer replantó un inmenso terreno de Brasil con casi dos millones de árboles. Ese terreno de la herencia familiar ahora es una zona protegida.

Del verano hasta ahora ha habido varias películas que ponían luz donde solo parecía encontrarse bajeza. Una de ellas fue Hermosa juventud que sin ningún atisbo de esteticismo retrataba a una pareja joven con un hijo que tenía que hacer lo que fuera para poder sobrevivir en el paro. El segundo ejemplo fue Short Term 12 (Las vidas de Grace), una hermosa historia de una chica dedicada a un centro de menores. Los dos ejemplos se centran en los jóvenes, en sus aspiraciones, sus dudas, sus incertidumbres y sobre todo en su futuro. La obra de Salgado también es una hoja de ruta del futuro que tenemos por delante. También es compasiva aunque muestre miserias. Su fotografía nos recuerda qué es estar vivo.

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