Yo, un hombre sin fe desde que vi En tierra extraña

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Ya no sé en qué creer ni en quién creer.

Iciar Bollaín me ha quitado la fe.Yo, un hombre que ahora no tiene fe, fui a ver En tierra extraña junto a otra centena de personas. Hubo luego un coloquio con la directora al que no pude quedarme y preguntarle. Preguntarle si ella tampoco creía en nada. La directora reúne a un grupo de emigrantes españoles, de esos jóvenes y no tan jóvenes altamente cualificados con carreras, para que nos cuenten cómo viven ahora en Luxemburgo. Y a mí esta gente me ha quitado la fe.

En tierra extraña tiene la fuerza de sus limitaciones. No seguimos sus vidas como un “Españoles en el mundo”. Bollaín ha preferido las entrevistas. Las entrevistas son directas y hasta cierto punto variadas. Pero son reales. Son testimonios verdaderos de españoles que viven vendiendo alitas de pollo, limpiando hoteles, como housekeeper o auper. Españoles que llevan años viviendo lejos de casa. Algunos se consideran más aventureros que otros, otros unos hombre-sin-tierra, otros unos olvidados del sistema. Y a mí esta gente me ha quitado la fe.

Junto a este viaje a las tierras de Luxemburgo, el documental cuenta con otros dos testimonios. El de un monólogo titulado “Autorretrato de un joven capitalista” y el de un sociólogo y teólogo. Actúan como contrapuntos a las en muchas ocasiones tragedias de esos (in?)(e?)migrantes que no tienen dos patrias sino que media de cada y por tanto ninguna.

El monólogo también me quitó la fe. Mediante una teoría conspiratoria basada en que España está controlada todavía por Franco y sus amigos asegura que la verdadera democracia nació un 15M. Mi fe se resquebrajó.

El sociólogo, sí, también me quitó la fe. Plantea un mundo sin fronteras, de lazos internacionales. Y así poder convertirnos en ciudadanos de un lugar llamado mundo.

No sé en quién creer ni en qué. ¿Por qué estas personas son víctimas de un sistema que surge y se alimenta controlado por unos pocos? Vivimos en un sistema que presupone la exclusión de unos cientos de miles. Vivimos en la sociedad del descarte, en un sistema que genera basura y residuos que tienen nombre y apellidos, que tienen que moverse a otra tierra. El sociólogo nos advertía desde su jardín que así es el sistema. Un sistema en el que antes están sus estructuras que sus miembros, los ciudadanos.

No sé en quién creer porque Iciar no se atreve a ahondar más. ¿Se puede ahondar más? ¿Tiene un documentalista la responsabilidad de intentar cambiar la situación que presenta? ¿O solo despertar nuestra conciencia? ¿O solo testificar, mirar? ¿Se puede despertar una conciencia sin luego marcar una guía?

Yo, un hombre sin fe.

@ehalvaro

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