Tanto monta, monta tanto. Sueño de invierno

La locuacidad es un don que pocos tienen. Y haríamos bien muchos en callar a escuchar y hablar menos porque cuando una conversación merece la pena, bien vale escucharla. Después de hablar de la magnífica Hiroshima, mon amour os tengo un segundo ejemplo.

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El último ejemplo es la Palma de Oro en Cannes Sueño de invierno de este año que sin paciencia o sin encerrarse en una sala de cine es difícil no acabar maltrecho tras sus 180 minutos. Sueño de invierno son varias películas en una: el protagonista es un actor ya retirado, reconvertido a escritor, dueño de un lujoso hotel en medio de las montañas y de las inclemencias del tiempo en Turquía. ¿Qué puede suceder en un lugar que no ocurre nada? Estos pequeños pueblos suelen merecer alojar una historia si hay un asesinato o algo parecido, pero si no ocurre nada… Si no ocurre nada “externo”, se es un genio si se logran unos personajes interesantes, modernos en sus conflictos y que mantienen en tensión al que aguanta las tres horas con el culo sentado en el asiento. Y Nuri Bilge Ceylan lo es.

Sueño de invierno da la vuelta como un calcetín a todos sus personajes aun teniendo un ritmo pausado. No parece tener nada visualmente sorprendente (pese a estar muy bien rodada y hay varios detalles con espejos de gran valor). Más importante aquí es el efecto de varios golpes sonoros que las piruetas visuales. Los diálogos permiten al director dar la vuelta a la historia en una misma habitación. Bastan las palabras para captar el miedo, la ignorancia, la altanería, el desprecio, la venganza, la superioridad y la amistad. Y todo ello con diálogos creíbles, sinceros que parecen no llevarnos a una nueva realidad, sino a la realidad verdadera.

Su director toma de referencia los cuentos de Chejov sabiendo captar muy bien el ambiente que oprime, que rasga, que hiela. Puede ser por eso que sus personajes se refugien en los calientes interiores y sea ahí donde hablen. En un momento de la película uno le dice al protagonista, dueño del hotel en medio de la montaña, en medio de la lluvia que por qué no pone más firme el suelo de los caminos pues forman barro y hacen inaccesible el acceso. A lo que el dueño le responde que hace más atractivo al turista su llegada si encuentra en el hotel cómo realmente es el lugar y no lo enmascara con asfalto. Así es Nuri Bilge Ceylan.

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