El niño. El thriller funciona en España

El niño, un joven mecánico que se pilla una moto acuática y se hace el Estrecho por pura chulería, le llega la oportunidad de hacerse de oro a costa de desafiar a los capos de la droga y montar su propio negocio con dos amigos. Jesús (Luis Tosar), un perro viejo de la policía, tras un error de estrategia que colma el vaso es alejado de una gran investigación antidroga. Los planetas se alinean (guiados por la mano de la droga) para cruzar ambas historias.

Puede que tras ver tantas películas de acción y thriller de USA nos hayamos olvidado de que la poli española raramente abre fuego. Aquí en España por mucho que mole ver una persecución nadie dispara su pistola. Por eso cuando salí de ver El niño me dije “aquí falta algo”. Hay acción, hay persecuciones en el Estrecho de Gibraltar por tierra, mar y aire, hay mafia, drogas… pero, coño, no hay un puto disparo (y no será por ganas).

Y mola.

Localizaciones reales, todo el cuerpo de la Policía implicado en la película, Luis Tosar de poli harto de que nadie haga nada para frenar el narcotráfico, marroquíes que toman el pelo a todo un regimiento de policías con embarcaciones de toneladas de hachís y El Inglés: porque alguien tiene que mover los hilos en la sombra.

Daniel Monzón allá en el 2011 estrenó Celda 211. El niño sigue la misma línea pero si Celda era todo interiores, este niño se mueve a cielo abierto lo que da un juego cinematográfico más espectacular y un universo narrativo más amplio (ya la secuencia inicial pone el listón muy alto). Lo digo porque tramas no sobran y todas se resuelven correctamente (muy de agradecer este punto que siempre es más fácil prometer que cumplir). La historia que cuenta Monzón tiene un aire a Brian De Palma y a Scorsese. No es un plagio, ni lo necesita. Un entretenimiento de calidad está servido. El Estrecho, un territorio mínimo que une tres países y tres maneras de hacer las cosas, es una mina para contar historias poco explorado por razones obvias. Es difícil sacar adelanto un presupuesto más que digno para rodar persecuciones en lancha, en helicóptero, por la playa y en medio del barullo de las calles.

Pero por encima de todo eso, Monzón y su guionista Jorge Guericaechevarría han logrado lo más importante en un thriller: unos personajes redondos y con un pasado y un presente complicado.

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