Se hace camino al andar

Ivan Locke. Pero pronúnciese con un acento british que es uno de los grandes valores de Locke, la película de Steven Knight.

Ivan (Tom Hardy) se encarga de los encofrados de hormigón de grandes edificios pero esta noche tiene algo mucho más importante que hacer. Y ya no puedo decir más a los que todavía no habéis visto la película.

Un escenario: un BMW. Un personaje: Ivan Locke. Un tiempo concreto: 90 minutos conduciendo de noche. Estas son las limitaciones y también las virtudes de una película que se acerca en la forma a Buried (en la que, igual aquí Hardy, Ryan Reynols mostró ser un gran intérprete) y en el fondo a Capitán Phillips.

Hoy la ficción necesita de héroes corrientes mucho más que de superhéroes. Ya hablamos de una película de héroes corrientes anteriormente. Tom Hardy parece que en un descanso del rodaje de El Caballero Oscuro La leyenda renace se quitó el maquillaje y se metió en un coche a las órdenes de Steven Knight. Locke es un hombre duro y reflexivo, que ejecuta sus decisiones con sus manos libres. En España a este tipo le diríamos que va a tiro hecho.

El ritmo acompasado de llamadas te agarra a la butaca esperando que todos los cabos se aten. Y así, de un modo fantástico acompañamos a un hombre corriente (único, singular) como si fuéramos su copiloto. La fórmula de dos viajeros es una fórmula fantástica para roadmovies. Pero aquí un hombre viaja solo. Y nosotros pedimos a gritos un acompañante. Pero no hay, su guionista no quiere que haya. Está solo (con su teléfono que como en una conversación de whatsapp las respuestas llegan entrecortadas) y nosotros somos su falso acompañante. No podemos ni ayudar ni acompañar. Él viaja solo como Travis en Taxi Driver y pone a prueba sus fuerzas para, como él dice, hacer el bien y evitar el mal; un bien que parece no sentir bien a nadie, pero es el bien. Nosotros, sus no-acompañantes lo vemos y sabemos.

Los 90 minutos de tiempo real son también un reto narrativo al limitar mucho la puesta en práctica de las decisiones alcanzadas. La tensión no cae. Es casi perfecta con distracciones, esperas, repeticiones y laberintos perfectamente encajados. Un caos ordenado en el que las llamadas entran cuando tienen que llegar. ¡Esto es cine y no realidad! pero no sabemos si las cosas se solucionarán. Solo observamos este fragmento de tiempo lleno de dudas y frustraciones. Pero también observamos a un hombre bueno que se enfrenta a su redención. Su visionado es más que recomendable.

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