Una década brillante

Es sorprendente cómo puede adelantar la ficción la vida de una persona. Robin Williams ha sido encontrado muerto tras suicidarse. La recaida en las drogas y el alcohol ha acabado con la vida de un actor que hizo metáfora de su vida los papeles que dio alma.

No recuerdo dónde leí que hay que aprovechar los diez años de genialidad que nos concede la vida. Robin Williams dio a luz diez años de éxitos podríamos decir que del Good morning Vietnam en el 87 al El indomable Will Hunting del 97. La locura de su risa y su chispa de vitalidad chocaban contra la brutalidad de unos soldados descolocados a cientos de millas de sus hogares. Batman (Ben Affleck ) y Matt Damon, dos muchachos desconocidos, removieron Roma con Santiago para que su guion fuera rodado y contaron con la inestimable colaboración de Williams, ese psicólogo vital (es el adjetivo que mejor me encaja con este hombre) y guia espiritual. Doctor, profesor, psicólogo, locutor. Cualquier papel lo asumía sin complejos llenando la pantalla.

De su época dorada llegó El club de los poetas muertos en la que nos susurró al oído Carpe diem. El romanticismo fatal en estado latente. No hay que olvidar que las grandes obras de ese periodo literario acaban con un irremediable suicidio. El arte es, si cabe, una de las armas más inestables. Loco, chiflado, fuera de foco: adjetivos que se volvieron personajes en El rey pescador, Fluber o Desmontando a Harry. Una de las consecuencias de mezclar a Williams con Terry Guilliam fue esa inolvidable escena final de El rey pescador, también deudora del viejo romanticismo, las novelas de caballería y, cómo no, de El Quijote (1).

Su risa y su cara que transmitía por igual pesar, sensatez y un gesto inigualable para la réplica lo encontramos por igual en grandes dramas y “comedias familiares” como La señora Doubtfire, Flubber y Jumanji. Las tres grandes entretenimientos que son parte de mi infancia. VHS que se volvían a ver una y otra vez.

Woody Allen, Peter Weir, Steven Spielberg, Barry Levinson, Terry Guilliam, Joe Johnson (2)… Son algunos de los directores de esta suya época dorada. O lo que es lo mismo Desmontando a Harry, El club de los poetas muertos, Hook, Good morning Vietnam, El rey pescador y Jumanji. Spielberg, el cineasta de la infancia, confió en él uno de los personajes más queridos de cualquier niño. Williams fue Peter, el niño perdido, en una revisión del clásico de Disney desde la perspectiva del adulto que olvida que fue niño. Una película estimable con un final peligroso si se mira bien (tanto en esta película como en la de Peter Pan).

Su voz era uno de los grandes valores. Una voz versátil y camaleónica que nos sacaba la carcajada de dentro. Gracias a que puso su voz en tantas películas de animación. El fue El Genio de la Lámpara. Aunque eso, en España, nos trae al fresco.

En su memoria traigo este historia, aunque más nos sirve a los que aún continuamos aquí:

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirlo le decía:
«Eres el más gracioso de la tierra
y el más feliz…»
Y el cómico reía.

[…]

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!

[…]

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik… La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!… Cambiadme la receta.

 

(1) Terry Guilliam se encuentra en proceso de rodar El Quijote, la obra maldita del director que ya intentó rodar en una ocasión.

(2) Recalco los directores porque un actor en manos inespertas no es mas que una marioneta. Si no, mal que le pese a alguno, los últimos años de Williams no son gran cosa.

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