Las vidas de Grace. Vidas simétricas

Hay películas que calan hondo. Unas veces es por lo sorprendente de su historia otras por ser una rareza o puede que porque las vistes en un momento especial de tu vida. Otras veces es, y mejor que sea así, por un sorprendente uso de los sentimientos. Y en esto son muy dados los dramas que te sacan una sonrisa de los labios. Este es el caso de Las vidas de Grace.

Estamos en un centro de acogida donde sus monitores no son psicólogos sino personas que tratan de hacer más llevaderas las vidas de sus menores más o menos conflictivos. A lo largo del filme nos vamos preguntando quiénes son realmente los que necesitan apoyo. Eso es lo fantástico de la historia contada por Destin Daniel Cretton. Como con el uso de la luz en el film, la luz ilumina las raíces, la infancia, de Grace creando simetrías con una chica que llega nueva al centro Short Term 12. En la misma dirección funcionaba la francesa Polisse. Mucho más cruda que esta. Allí era difícil sacar una sonrisa sin sentirte culpable o un piltrafa.

A veces salimos de ver una película hechos una mierda, después de habernos desplazado hasta allí y haber pagado una entrada. ¿A quién se le ocurre? Creo que este sentimiento surge de películas que presentan un drama sin solución (como puede ocurrir en Polisse). Estoy seguro de que existen historias duras sin final feliz. Pero las grandes historias son catárticas, limpian nuestros pensamientos y nos hacen vivir una experiencia moral y personal. Por eso, las historias deben presentarse apelando a nuestra conciencia, PERO presentado historias por las que pudiéramos cargar con las responsabilidades de sus personajes. Si en una película no hay salida a un conflicto se produce un embotellamiento de sentimientos, una asfixia. No digo que todo resulte un happy end. El protagonista de una historia puede perderlo todo, pero siempre debe quedarle un agarradero, una vía de escape. Somos humanos y lo último que perdemos es la esperanza.

¿Por qué digo todo esto? Porque Las vidas de Grace acaba bien, demasiado bien pero dejando claro que los problemas en sus vidas existen y seguirán percutiéndoles la conciencia. Quizá recalque demasiado que todo irá bien y borre las sombras de mal que hay en sus historias.

PS. Por cierto, el director tiene una película titulada I’m not a hipster. Diga lo que diga, su uso de la luz y del vestuario le delata en esta película.

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